Posts Tagged ‘iglesia

20
Abr
10

Por qué la Iglesia no quiere y no puede abolir la ley del celibato

El surgimiento de casos de sacerdotes pedófilos en casi todos los países católicos está todavía en curso, revelando la extensión de este crimen que tantos daños se ha visto que causa en sus víctimas. Es poco decir que la pedofilia avergüenza a la Iglesia, o pedir disculpas y rezar. Es peor. Representa una deuda impagable a aquellos menores que fueron abusados bajo el manto de la credibilidad y de la confianza que la función de sacerdote encarna.

La tesis central del Papa Ratzinger, que me cansé de escuchar en sus conferencias y clases, se invalida totalmente. Para él, lo importante no es que la Iglesia sea numerosa. Basta que sea un “pequeño rebaño”, constituido por personas altamente espirituales. Es un pequeño “mundo reconciliado” que representa a los otros y a toda la humanidad. Ocurre que dentro de este pequeño rebaño hay pecadores criminales y es todo menos un “mundo reconciliado”. Tiene que aceptar humildemente lo que decía la tradición: la Iglesia es santa y pecadora, una “casta prostituta”, como decían algunos Padres antiguos. No es suficiente que sea Iglesia; tiene que recorrer, como todos, el camino del bien, e integrar las pulsiones de la sexualidad -que ya tiene mil millones de años de memoria biológica, para que sea expresión de ternura y de amor, y no de obsesión y de violencia contra menores.

El escándalo de la pedofilia se constituye en un signo de los tiempos actuales. Del Vaticano II (1962-1965) aprendemos que hay que descubrir en los signos la interpelación que Dios nos quiere transmitir. Me parece que la interpelación va en esta línea: es el momento de que la Iglesia católico-romana haga lo que todas las demás Iglesias ya hicieron: abolir el celibato impuesto por ley eclesiástica, y liberarlo para aquellos que ven sentido en él y consiguen vivirlo sin obsesiones y con un sentido profundo de espiritualidad. Pero esta lección no está siendo tomada por las autoridades romanas. Al contrario, a pesar de los escándalos, reafirman el celibato con más fuerza.

Sabemos lo insuficiente que es la educación para la integración de la sexualidad en el proceso de formación de los sacerdotes. Se lleva a cabo lejos del contacto normal con las mujeres, lo que produce una cierta atrofia en la construcción de la identidad. Las ciencias de la psique han dejado claro que el varón sólo madura bajo la mirada de la mujer, y la mujer bajo la mirada del varón. Hombre y mujer son recíprocos y complementarios. El sexo genético-celular ha demostrado que la diferencia entre un hombre y una mujer, en términos de cromosomas, se reduce apenas a un cromosoma. La mujer posee dos cromosomas XX y el nombre un cromosoma X y otro Y. De donde se desprende que el sexo-base es el femenino (XX), siendo el masculino (XY) una diferenciación del mismo. No hay pues un sexo absoluto, sino sólo uno dominante. En cada ser humano, hombre y mujer, existe “un segundo sexo”. En la integración del “ánimus” y del “ánima”, o sea, de las dos dimensiones de lo femenino y lo masculino presente en cada ser humano, se gesta la madurez sexual.

Esta integración viene dificultada por la ausencia de una de las partes, de la mujer, que es sustituida por la imaginación y los fantasmas, que si no son sometidos a disciplina pueden generar distorsiones. Lo que se enseñaba en los seminarios no está exento de sabiduría: quien controla la imaginación, controla la sexualidad. En gran parte, así es.

Mas la sexualidad posee un vigor volcánico. Paul Ricoeur, que mucho reflexionó filosóficamente sobre la teoría psicoanalítica de Freud, reconoce que la sexualidad escapa al control de la razón, de las normas morales y de las leyes. Vive entre la ley del día, en la que valen las reglas y los comportamientos establecidos, y la ley de la noche, en la que funciona la pulsión, la fuerza de la vitalidad espontánea. Sólo un proyecto ético y humanístico de vida (lo que queremos ser) puede dar dirección a la sexualidad, y transformarla en fuerza de humanización y de relaciones fecundas.

En este proceso no queda excluido el celibato. Es una de las opciones posibles, que yo defiendo. Pero el celibato no puede nacer de una carencia de amor, al contrario, debe resultar de una sobreabundancia de amor a Dios que se desborda hacia los que están a su alrededor.

¿Por qué la Iglesia católico-romana no da un paso y suprime la ley del celibato? Porque es contradictorio con su estructura. Es una institución total, autoritaria, patriarcal, altamente jerarquizada, y uno de los últimos bastiones de conservadurismo en el mundo. Abarca a la persona desde el nacimiento a la muerte. Para una conciencia ciudadana mínima, el poder conferido al Papa es sencillamente despótico. El canon 331 es claro: se trata de un poder “ordinario, supremo, pleno, inmediato y universal”. Si quitamos la palabra “Papa” y ponemos “Dios”, funciona igualmente. Por eso se decía: ”el Papa es el dios menor en la tierra”, como muchos canonistas afirmaron.

Una Iglesia que pone el poder en su centro, cierra las puertas y las ventanas al amor, a la ternura y la compasión. La persona célibe es funcional a este tipo de Iglesia, porque ésta niega al celibatario aquello que le hace más profundamente humano, el amor, la ternura, el encuentro afectivo con las personas, lo que sería más fácilmente propiciado si los sacerdotes estuviesen casados. Se vuelven totalmente disponibles a la institución, que tanto puede enviarlos a París como a Corea del Sur.

El celibato implica cooptar al sacerdote totalmente al servicio no de la humanidad, sino de este tipo de Iglesia. Sólo deberá amar a la Iglesia. Cuando descubre que ésta no es sólo “la santa madre Iglesia” sino que puede ser madrastra que usa sus ministros para la lógica del poder, se decepciona, deja el ministerio con el celibato obligatorio y se casa.

Mientras perdure esta lógica de poder absolutista y centralizador, no esperemos que la ley del celibato sea abolida, por más escándalos que ocurran. El celibato es demasiado cómodo y útil para la institución eclesiástica.

Pero, ¿cómo queda entonces el sueño de Jesús de una comunidad fraterna e igualitaria? Bueno, eso es otro problema, tal vez el principal. Desde ahí plantearíamos diferentemente la cuestión del celibato y del estilo de Iglesia que sería más adecuado a su mensaje libertador.

Por Leonardo Boff

Teólogo

Fuente: Alainet

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16
Mar
10

La palabra globalización es hoy en día una mentira manifiesta

Jon Sobrino Jesuita y teólogo de la Liberación.

Predica en El Salvador desde hace más de 40 años. Colaboró con el arzobispo Óscar Romero, asesinado en 1980, y escapó de sufrir tal suerte en 1989 cuando los Escuadrones de la Muerte mataron a Ignacio Ellacuría y 7 jesuitas más. En 2006, la Congregación para la Doctrina de la Fe condenó su obra por dar una visión “demasiado humana de Jesucristo”.

La economía globalizada que parece regirlo todo ¿Se ha convertido en la religión de los poderosos en nuestros días, con ídolos y mártires?

– La palabra globalización es hoy una mentira manifiesta porque un globo es aquella forma en la que cualquier punto de su contorno es equidistante del centro. Así que un mundo globalizado sólo será posible cuando todos los seres humanos estemos equidistantes del centro, seamos iguales de verdad. Una economía que produce muertos por hambre, no puede ser una religión. Porque ahora estamos en crisis, pero cuando había una situación boyante no se hablaba de los muertos que producía el hambre y la pobreza que producía el capitalismo mundial. Se habla de crisis, pero sólo de los problemas del primer mundo. Lo equivalente a religión sería una concepción en la que haya salvación y quienes más nos van a salvar son los pobres, son las víctimas y no los verdugos.

Me refiero a que el capitalismo es adoptado como salvación para todos los problemas. La crisis se intenta resolver, parece, desde los mismos parámetros que la provocaron…

-Pero yo distingo tres problemas físicos en el mundo que mientras no se resuelvan, nada se podrá hacer. Ni la ONU, ni el FMI, ni el Banco Mundial han dado muestras de querer cambiar el mundo de verdad porque no se tiene conciencia del mal; se miente para matar a otros seres humanos, para hacer una guerra en Irak, mentiras que han reconocido los mismos gobiernos que las dijeron, y un tercer mal es, quizás el más grave, la deshumanización del mundo. El espíritu humano también necesita respirar pero el aire está polucionado, no sé si tanto como para llevarnos a todos a la muerte… El capitalismo no ofrece soluciones a los problemas éticos. El socialismo, en principio y con sus limitaciones, pudiera ofrecer más vías de humanización, por lo menos aquellas que son utopías.

-¿Considera que el Vaticano se aleja cada vez más del rebaño de Dios?

-El Vaticano es una institución, un edificio. ¿Tiene rebaño? Bueno en un sentido metafórico hay unos mil millones de católicos e indudablemente no hay más que ver que, en países como España, las personas que reconocen al Vaticano disminuyen y en Europa mucho; en otras partes quizás no tanto. Lo que suele ocurrir es que los impulsos del Vaticano de hace 40 ó 50 años con el Concilio Vaticano II o Medellín; con obispos estupendos como monseñor Romero o Angelelli, a los que mataron; luego ha generado varias direcciones y aquella que fue la que nosotros llamábamos la Iglesia de los Pobres, la de los mártires, el Vaticano no la facilita. Más facilidades da a esa otra iglesia que nosotros llamamos Movimientos Carismáticos como los Kikos [Camino Neocatecumenal] o los Legionarios de Cristo. A ésta sí se le está dando más facilidades por parte del Vaticano y a monseñor Romero no lo canonizan porque es un problema…

– Pero los pobres de Latinoamérica sí que lo han subido a los altares hace tiempo…

– Sí, los pobres sí. Para canonizar hay que seguir un proceso, papeles, testimonios, bueno… Monseñor Romero fue asesinado en 1980 y los que le mataron eran enemigos suyos acérrimos, pero también tenía enemigos dentro de la propia iglesia, adversarios a los que no le gustaba lo que hacía. Por eso, su proceso de canonización es tan difícil, porque hay gente dentro de la iglesia que no quiere canonizarlo, otros sí. Yo lo que digo es que sea como fuere, él ya está canonizado por el pueblo; la gente le reza, le recuerdan con cariño, hay fotos en casi todas las casas de El Salvador. A mi más bien, que lo canonicen me da miedo porque llegado el momento podrían tener la intención de cambiarle un poquito porque aunque era obediente al Vaticano para él lo primero era su amor al pueblo, y a través de este amor canalizaba su amor a Dios.

-Pero la Iglesia Católica parece que sigue estando lejos de realidades sociales de nuestro tiempo…

-La Iglesia Católica es muy institucional. No es que se esté alejando o no. Hay muchas cosas que se están repensando como puede ser la ordenación de la mujer. Esta iglesia está muy distante de una sociedad en la que, se sea católico o no, la mujer tiene un papel muy importante. No es que se aleje, es que se mantiene a distancia. La iglesia ha cambiado, se ha ido más a la derecha, aunque esta palabra no me gusta. Sin embargo siempre hay plantitas como yo las llamo a personas como monseñor Romero, son los profetas, los mártires que despiertan alegría en el pueblo.

-¿Es necesario un nuevo Concilio?

-No sé si es necesario. La cosa es si sería útil. Necesario sería poder revertir la historia. Hoy en día en el lenguaje social público no se utiliza la palabra conversión, parece que hablar de conversión es hablar de curas y monjas de hace 50 años. Pues póngasele la palabra que quiera, porque si estas sociedades no se convierten, no revierten la dirección que han tomado, para mi caen y seguiremos inmersos en ese tercer mal que es la deshumanización. Todos, los católicos, protestantes, budistas, todos los movimientos religiosos debemos pasar por una conversión para cambiar de rumbo.




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